Cuando uno piensa en Camboya hay una imagen que le viene inmediatamente a la cabeza: los templos de Angkor. La Camboya actual es la sucesora del poderoso Imperio Jemer, que durante el periodo de Angkor (siglos IX-XV) gobernó gran parte de lo que ahora es el Sudeste Asiático y los templos de Angkor han quedado en pie como muestra de este periodo de esplendor. 

Es la emblema del país, su tesoro más preciado. Aparece en la moneda, en la cerveza, en la bandera. Es por los templos de Angkor por lo que podemos situar a Camboya en el mapa y para muchos viajeros será la única razón por la que visitar el país y probablemente su única parada en Camboya.

Los imponentes Templos de Angkor

Pero Camboya es mucho más que los templos de Angkor. Camboya tiene pequeñas ciudades coloniales, como Battambang, que te harán disfrutar de una tarde relajada de paseo por sus calles y puestos callejeros. Tiene paisajes con arrozales espectaculares en la región de Kampot, donde querrás pararte en cada recoveco de la carretera para sacar una foto. Tiene islas poco turísticas donde puedes encontrar playas paradisíacas. Tiene pueblos flotantes en el Lago Sap que se mueven con las crecidas del río Mekong. Tiene una capital caótica que te dará un latigazo de realidad cuando ahondes en la historia reciente del país.

Arrozales de Kampot

Y es que, tristemente, una parte de la historia reciente de Camboya es sangrienta, brutal y oscura. Entre 1975 y 1979 Camboya vivió el genocidio de su población por parte de la dictadura de los Jemeres Rojos. No se sabe con exactitud la cantidad de gente que fue torturada y asesinada, ya que los asesinos no quisieron dejar constancia de sus atrocidades, pero se calcula que un tercio de la población camboyana fue eliminada del mapa.

Esta reciente sombra gris está todavía en el recuerdo de la población actual. Es algo imborrable y con lo que tienen que vivir. Es además algo que no debe olvidarse para que no se vuelva a repetir. Camboya se está recuperando de este capítulo de su historia. Camboya está despertando de una pesadilla. 

La atroz carcel S-21

Y aunque en esa época a los camboyanos les borraron la sonrisa, sus ciudadanos la han recuperado. Los camboyanos no dudarán en regalarte una sonrisa continuamente. Vayas por donde vayas, te miraran cómplices y en seguida te mostrarán esa sonrisa tan característica de sus habitantes, acompañada normalmente de un eufórico “Hello!”. Da igual que vuestras miradas se crucen tan solo durante unos segundos, que ellos no dudarán en mostrarte su amabilidad. En occidente nos hemos olvidado de sonreír en nuestro día a día, pero por suerte si viajas a muchos países de Sudeste Asiático, y en especial a Camboya, te darás cuenta de cuánto bien puede hacer una sonrisa en tu día a día.

Calles de Phnom Penn

Camboya es luces y sombras. Esplendor y derrota. Sonrisas y lágrimas. Deberíamos visitarla, por tanto, para borrar sus sombras, para olvidar sus derrotas y secar sus lágrimas.

 

 

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