Viajar a Israel y Palestina es un viaje tortuoso, complejo, difícil de entender, que te hará reflexionar sobre las religiones y las fronteras. Creemos que es uno de los viajes que más interrogantes y reflexiones nos han supuesto. Por eso creemos que la mejor forma de compartir nuestra visión de estos dos países es compartirlos con vosotros. Quizás suenen utópicos e ingenuos, pero cada vez que pensamos en el viaje por Israel y Palestina no dejan de resonar en nuestra cabeza las mismas preguntas.

 

¿Qué tiene Jerusalén que la hace ser tan importante? Jerusalén es ciudad santa para las tres religiones monoteístas: el Judaísmo, el Islam y el Cristianismo. En Jerusalén está el Muro de las Lamentaciones, único vestigio del templo construido por Herodes sobre el antiguo templo del rey Salomón. También está la Cúpula de la Roca, lugar desde donde Mahoma ascendió a los cielos, convirtiendo así a Jerusalén la tercera ciudad más sagrada para los musulmanes. Además en Jerusalén es donde se produjo la crucifixión y resurrección de Jesús, siendo también lugar santo para los cristianos.

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Muro de las Lamentaciones

Viajar a Israel y Palestina es darse de bruces con una religiosidad abrumadora. Una religiosidad que nosotras vivimos como meras espectadoras y con la que no conseguimos conectar. Al pasear por Jerusalén probablemente verás a grupos de cristianos realizando el Vía Crucis o a judíos dirigiéndose al Muro de las Lamentaciones, mientras oyes la llamada a la oración de los musulmanes.

Hasta aquí todo está bien. De hecho, es hasta enriquecedor aprender sobre otras culturas y religiones en un mismo espacio. Lo ideal sería que cada uno practicara su culto, sin importar qué religión tuviera el de al lado. Y esto sería extrapolable a cualquier otro punto del planeta, ya que así debería ser: que fuéramos capaces de respetar las creencias de nuestros vecinos.

Pero no nos equivoquemos. La realidad no es idílica y esto no pasa en muchos lugares y menos aún aquí. No pasa ni ha pasado. ¿Por qué siempre ha sido una zona conflictiva? Para entender esta cuestión, sería necesario una clase magistral de historia, que nosotras no estamos capacitadas a dar. Pero a modo de resumen, hay que entender que desde la Antigüedad, hasta nuestros días, estas tierras han sido invadidas por asirios, babilonios, persas, macedonios, romanos, árabes y turcos.

Durante todos estos siglos de historia los judíos fueron expulsados de esta región en varias ocasiones: es lo que se conoce como diásporas judías. Será tras la Segunda Guerra Mundial cuando van a comenzar los problemas actuales entre musulmanes y judíos al crearse un Estado judío (Israel) y expulsar para ello a los musulmanes de su tierra (Palestina). Desde entonces no existe la paz en esta zona y actualmente políticas como la de Trump hacen difícil el camino hacia la paz.

Cúpula de la Roca

Viajar a Israel y Palestina es, por tanto, visitar un territorio en conflicto. Esto es importante de tener en cuenta, porque estamos acostumbrados a visitar monumentos que recuerdan hechos pasados, más o menos lejanos en el tiempo. Pero estos dos territorios han estado, están y parece que estarán en conflicto durante largo tiempo. El muro que separa Israel de Palestina en Belén es un muro real, actual. Impone y es vergonzoso. Los militares que te encuentras constantemente armados por Israel son militares, preparados para en cualquier momento actuar ante cualquier amenaza. La tensión se palpa.

Obviamente, y tras años de conflicto en esta zona, está claro que ahora priman los intereses políticos y económicos de las diferencias potencias mundiales. Sin embargo, al viajar a Israel y Palestina una de las preguntas que más retumban en nuestra cabeza es: ¿Tan difícil es entenderse? No logramos entender este odio profundo que se respira en esta zona del mundo y más cuando ambas religiones comparten un mismo origen y una zona geográfica. En lugar de buscar sus semejanzas, encuentran diferencias. Todo esto nos invita a reflexionar sobre la importancia que tiene para nosotras viajar.

Iglesia del Santo Sepulcro

Viajar nos da la oportunidad de abrir nuestros ojos, conocer otras formas de vida, otras religiones, otras costumbres. En definitiva viajar nos abre los ojos a nuevas realidades. Para nosotras viajar significa aprender, conocer, entender y, sobre todo, respetar las costumbres y tradiciones de los lugares a los que se viaja. Entenderse debería ser fácil y no lo es. Por eso, creemos que es importante que cada una piense, reflexione acerca de las fronteras, religiones y el respeto hacia realidades que no son iguales a las nuestras para desde nuestras pequeñas parcelas de actuación poder construir un mundo mejor.

 

 

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