Cuba estaba en mi lista de viajes desde que lo anunciaron para el viaje de fin de carrera como un buen destino para combinar ocio y cultura. Por suerte, nunca llegué a ir a ese viaje. Porque, aunque no dudo que esos viajes son divertidos, creo que no era la manera de ver Cuba como se merece. Así que en mi lista de viajes pendientes, Cuba seguía estando en lo más alto.

 

Cuba fue nuestro primer contacto con Centroamérica y Sudamérica. Fue la primera vez donde nos dimos cuenta lo bonito que es ir a un país hispanohablante, compartir un mismo idioma y poder sacar el mejor partido al viaje, hablando con sus locales.

Puede parecer una obviedad, pero es curioso estar en la otra parte del mundo, pasear por las calles y poder escuchar las conversaciones ajenas y entenderlas. Poder pararte a preguntar algo y quedarte un largo rato hablando sobre la vida. Hablar con los dueños de las casas particulares y que te cuenten sus historias, consejos y experiencias. Que al estar tomando algo en un bar, te juntes con varios locales y acabes teniendo una tarde de lo más entretenida.

Si algo nos llevamos de Cuba es la comunicación y los diálogos con su gente. Porque lo mejor para entender un país tan complejo como Cuba, es que sean los propios cubanos los que te cuenten de primera mano su historia, su actual situación política y su punto de vista.

Las calles de Centro Habana

Viajar a Cuba es un viaje en el tiempo dentro del presente. Cuba no quiere perder su esencia, pero necesita desprenderse de parte de ella. Los turistas vamos buscando en Cuba esa esencia que le hace especial. Es por ello que verás a ansiados turistas queriendo dar una vuelta en los almendrones.

Querrás escuchar Son Cubano en las Casas de la Trova. Querrás imaginarte cómo eran los edificios coloniales, de los que aún se conservan decadentes fachadas sin restaurar. También te sorprenderás al intentar buscar WiFi en las casas particulares, y ver que no hay ninguna red disponible en el edificio.

Pero querer experimentar esa esencia cubana tiene un precio, y no precisamente para el turismo. Es egoísta por nuestra parte querer frenar ese progreso para vivir con nuestros ojos cómo es vivir en uno de los últimos países con régimen comunista. Nosotros nos lo tomamos como una experiencia de unas semanas de vacaciones, pero los cubanos viven el día a día de esos límites y atraso económico.

La calma antes de la tormenta en Trinidad

Viajar a Cuba es también vivir con lentitud. El tiempo la isla transcurre despacio, sin prisa. No tengas prisa para llegar de un punto a otro, porque te demorarás más de lo planeado. No tengas prisas en recibir una respuesta rápida y clara, porque la conversación será larga y enredosa.

Pero ese tiempo que transcurre, esa lentitud, ese aire caribeño, es lo que le hace especial a la isla. Y es lo que te atrapará, lo que recordarás y lo que te va a hacer pensar en Cuba con una sonrisa en la boca.

 

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