“Vamos a ver el baile de los zangbetos”. Así nos anuncian nuestros guías el plan para esa tarde. Ya habíamos leído algo sobre estos fetiches andantes y nos moríamos de ganas de poder presenciar una ceremonia de este tipo.

Estamos en un pueblo situado en los alrededores del lago Ahamé, a unos 125 kilómetros de Abomey y a 45 kilómetros de Grand Popó. Es el lugar donde habitan las etnias peda y sahoué y en esta zona de Benín es habitual ver manifestaciones culturales como la ceremonia de los zangbetos.

 

¿Qué son los zangbetos?

En el sistema religioso del vudú existen algunas fórmulas de control social y una de las más características en las poblaciones del sur de Benín son los zangbetos. El término zangbeto significa literalmente “cazador de la noche” (“zan” signifca de la noche y “gbeto” significa “cazador”) y es que los zangbetos representan los cazadores o guardianes de la noche tradicionales en la religión vudú. En rasgos generales, son una especie de policía del vudú que se encarga de velar por el rey de la ciudad, la comunidad y cazan a los espíritus malignos durante la noche.

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Zangbeto e iniciado

Tradicionalmente estos fantasmas servían para espantar al enemigo en las guerras vecinales y para mantener el orden social. Existe una leyenda que nos habla sobre el origen de los zangbetos. Cuenta la leyenda que cuando murió el rey de Allada, que se llamaba Lansuhouto, se produjo una disputa entre sus tres hijos: los dos mayores contra el pequeño. Los hermanos iban a enfrentarse en una batalla y cuenta la leyenda que el hermano pequeño tuvo un sueño en el que se le apareció una figura que le aconsejó cubrir a sus hombres con hojas de palma para hacer creer al enemigo que eran fantasmas.

Esta revelación funcionó y los hermanos mayores terminaron huyendo asustados; así fue cómo el hermano pequeño se convirtió en rey de estas tierras. Sin embargo, el rey tuvo que permanecer en guardia y decidió sacar a los zangbetos todas las noches para proteger el reino contra posibles ataques.

En algunas zonas rurales de Benín siguen siendo, aún hoy en día, una especie de policía informal. Estos fetiches andantes velan por la seguridad de sus ciudadanos, denuncian actos de brujería y evitan robos.

Los zangbetos son máscaras con forma cónica que están confeccionadas con largas tiras de rafia y que están coronados con una especie de sombreros. Se suele creer que el zangbeto baila a través de los espíritus y en momentos determinados de la ceremonia se suele levantar estas estructuras para demostrar que no hay nadie debajo. Como te puedes imaginar, nuestra mente occidental y atea, separada de cualquier tipo de creencias, nos imposibilita creer este tipo de cosas y en varias ocasiones durante la ceremonia nos preguntamos cómo lo hacían para que no se viera a la persona que estaba bajo el zangbeto. A día de hoy no tenemos la respuesta.

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Detalle de la parte superior de un zangbeto

Una sociedad secreta se encarga de gestionar las actividades de estos guardianes de la noche y también de los festivales culturales donde los danzarines zangbetos de varios pueblos compiten por ver quién se mueve mejor al ritmo de los gongs y los tamtanes. Los que participan en esta ceremonia son hombres y han tenido que pasar un ritual de iniciación para ser aceptados en la sociedad secreta de los zangbetos. Para ello el candidato debe pagar un tributo (alcohol, dinero, comida…) y parece que debe de pasar una serie de pruebas físicas (azotes) para demostrar su valentía. Una vez que es aceptado en la comunidad, se le da un nombre de iniciado y no deben revelar nunca ningún secreto relacionado con los zangbetos.

 

El baile de los zangbetos

Llegamos y ya había música. Nos acercamos hasta un muro bajo al lado de los músicos desde donde íbamos a ver el baile. En seguida estamos rodeados de gente. A un lado hay un edificio donde se ven representados los zangbetos, que es el lugar desde donde salen y entran.

De repente, comienzan a salir los zangbetos. Son cuatro y empiezan a moverse por aquella explanada de tierra batida. Los zangbetos bailan al son de la música de los tambores y esta danza consiste en frenéticas rotaciones seguidas por momentos de inmovilidad. Como ya te hemos contado, se cree que son los espíritus quienes hacen girar a los zangbetos. Además de los cuatro zangbetos en la explanada hay varios hombres, que son los iniciados.

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Zangbeto bailando

Los iniciados acompañan a estos fetiches andantes en su baile, corren a su alrededor y en algunos momentos de la ceremonia zarandean al zangbeto y le hablan. En algunas ocasiones se paran y después de un buen rato de ceremonia acabamos por darnos cuenta de que algunos zangbetos son más activos que otros. Cuando danzan, los no iniciados (mujeres y niños) no pueden tocar al zangbeto.

En un momento dado de la ceremonia dos hombres empiezan a verter una especie de polvos amarillos en círculos, rocían esa zona con un liquido y colocan unas hojas. En ese momento sale un quinto zangbeto del edificio y se dirige hacia la zona delimitada. Se para y los hombres empiezan a zarandear y a hablar a este zangbeto. Tras unos minutos, levantan la estructura y… ¡voilá! No hay nadie sino que “el espíritu” ha dejado un cuenco con hojas.

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Ceremonia zangbeto

A lo largo de la ceremonia este quinto zangbeto sale en dos ocasiones más y la expectación por ver qué encontraremos al levantar el zangbeto aumenta. La segunda vez que hace su aparición y lo levantan, vemos que “el espíritu” ha dejado un mini zangbeto. En esos momentos todos corremos hacia el zangbeto y lo rodeamos. No solo somos nosotros los que estamos expectantes, sino que los niños, mujeres y hombres que ven la ceremonia con nosotros tienen la misma curiosidad e imagino que no es la primera vez que presencian ceremonia así.

La última vez que aparece este quinto zangbeto, que nunca baila y que solo entra y sale del edificio, es la más divertida. Al levantar la estructura aparece una especie de figura y un sacerdote con una pequeña campana anima a la estructura a ponerse en movimiento. Empieza a entrar y salir un pene y las carcajadas de niños y adultos acompañan este momento. Es Légba, un dios menor del panteón vudú y que se representa con un gran falo. Légba se encarga de intermediar entre dioses y hombres y de alejar a las fuerzas del mal para que todo salga bien.

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El dios Légba

Los zangbetos siguen bailando y girando sobre sí mismos. En un momento determinado dos iniciados vuelven a preparar el círculo con esa especie de polvos amarillentos, pero en esta ocasión es uno de los cuatro zangbetos danzantes el que se dirige hacia el lugar. Los hombres zarandean y le hablan pero esta vez levantan un poco el zangbeto y lo mueven de lugar. Aquí no se muestra el interior vacío del zangbeto, pero sí vemos que nos ha dejado algo. “¿Qué será esta vez?”, pensamos y nos acercamos curiosas hacia el zangbeto. Se ve una figura con una boca móvil y el sacerdote tiene tres bolas de foufou, una comida típica beninesa hecha a base de harina o tubérculos hervidos o triturados. El sacerdote se acerca con tres foufou a la figura, que empieza a comerlas.

Los zangbetos siguen bailando y girando sobre sí mismos durante un rato más y la música no para de sonar. En un momento determinado nos unimos al baile con algunos de los hombres y mujeres que estaban allí. La ceremonia parece que no llega a su fin pero nosotras nos tenemos que marchar ya. Benín es un país lleno de tradiciones y es maravilloso poder asistir a ceremonias de este tipo.

 

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